El boleto marcaba las 8:30 como hora límite, por motivos obvios llegué pasada las nueve. Aunque no sabía muy bien que esperar me entusiasmaba la idea encontrar a los Doors, unas chelas y buenas compañías que cantarían al tiempo que yo. Poco a poco comenzó a hacerse presente “la banda”, esos que nunca faltan, que siempre llegan, que sea como sea están ahí.
Comenzamos a buscar lugar, para ese entonces Los Concorde, coreaban Rompecabezas, aunque a nadie le importó ese hecho. Muchos jóvenes, de 17 a 25 años en su mayoría, abarrotaban el lugar, aunque de ahí en adelante no había límite de edad para estar con las leyendas.
Decidimos abandonar la parte izquierda del escenario, e iniciamos una loca carrera hacia los lugares al centro, que ya para ese entonces lucían completamente abarrotados. En el trayecto sólo escuché decir a de Lozanne: “también nosotros queremos ver a los Doors”.
Como pudimos, nos hicimos dueños de ese espacio, un par de cervezas más, hicieron que la espera, de casi una hora, pareciera más corta. No obstante, los seguidores comenzaron a desesperarse y como es su costumbre a gritar, chiflar y golpear todo lo que les fue posible.
El reloj de la México marcaba las diez, el cielo se observaba maravilloso junto a esa media luna que no dejó de sonreír toda la noche. Las luces apagadas anunciaban el regreso del “rey lagarto” reencarnado en la voz de Brett Scallions.
Break on through fue la rola que abrió el encuentro, todos la hicimos nuestra al momento de vibrar con ella, poco después vinieron los movimientos sugerentes de Scallions, Gina volteo a ver verme con una sonrisa chueca que decía que aquel hombre incitaba a cualquiera, fuera hombre o mujer. Con Love two time creí que Morrison estaba vivo.
Ray Manzarek no dejó de expresar su gusto por México y su tequila al tiempo que daba un sorbo de esta bebida producida por manos campesinas de nuestro país. Así fue como el tecladista se la rifó una vez más. Pronto llegó el turno de Robby Krieger, con sus acordes de Caravana española, para demostrar lo suyo que por supuesto es una habilidad inimaginable con la guitarra.
La cerveza circuló por todo el lugar, al igual que la melodiosa e incitante ¡Touch me!, también la mariguana hizo acto de presencia, su olor provocó que gente de seguridad se internara entre el público a fin de evitar su consumo, aún así su aroma acompañó el resto de la noche.
Los efectos de los truenos y rayos indicaban que ya venían los Riders on the storm, momento mágico, nostálgico, mezcla de “estar pero no estar”. Rápidamente hice un recorrido visual por los alrededores, el mismo escenario predominaba en todos lados, la masa ensimismada y endiosada con esa única canción que creo, fue el clímax de la noche.
Un par de rolas más y por último la seductora Light my Fire. La banda excelente, se comportaron a la altura de lo que son: una leyenda viviente, que aun sin “rey lagarto” hicieron vibrar la mente, el alma y el cuerpo de todos los que vivimos junto con ellos esa fantástica noche.
Ni hablar, me perdí el concierto... espero que pronto vengan otros.
ResponderEliminarSaludos.